23 de mayo de 2008

Descubren la corona y el escudo de Alejandro Magno



Arqueólogos griegos y estadounidenses descubren que la tumba que se pensaba que albergaba al padre de Alejandro Magno, es en realidad la de su medio hermano. Esto puede significar que algunos de los artefactos encontrados en la tumba, incluyendo un casco, un escudo y una corona de plata, podrían haber pertenecido originalmente al mismísimo Alejandro Magno.

Esto lo creen porque el medio hermano de Alejandro se cree que reclamó toda la parafernalia tras la muerte del conquistador.

La tumba es una de las tres tumbas reales macedonias excavadas en 1977 por arqueólogos que trabajaban en la villa Vergina, al norte de Grecia. Allí los excavadores encontraron una banda de plata para usarse en la cabeza, un casco de hierro, y un escudo ceremonial, junto con una gran cantidad de armas y un objeto identificado como un cetro.

En aquel momento lo anunciaron como la tumba de Filipo II de Macedonia, el padre de Alejandro que fue asesinado en 336 antes de Cristo. Pero análisis recientes que fueron realizados por Eugene N. Borza, de la Universidad Estatal de Pennsylvania, demostró que los restos son mucho más recientes de lo que se pensaba.

Borza cree que es de la época de Alejandro, y que los restos arqueológicos son del mismo Alejandro, si bien no es su tumba. La tumba es una caja de piedra simple, que contiene los restos no identificados de un hombre adulto, una mujer joven y un niño recién nacido. La segunda tumba, abovedada y con dos cámaras, contiene los restos de una mujer joven y de un hombre maduro. La tercera, con dos cámaras abovedadas, contenía los restos humanos de un adolescente que se cree que sería un hombre.

Las dos tumbas más grandes tienen ornamentos de oro, de plata, de marfil, así como vasos de cerámica y metal.

Borza se contactó con Olga Palagia, historiadora del arte de la Universidad de Atenas, para evaluar las cerámicas y pinturas de las tumbas. Al poco tiempo se dieron cuenta del hecho de que las tumbas 2 y 3 fueron hechas con un estilo de cielorraso curvado llamado bóvedas tipo barril. "La fecha más temprana para una bóbeda barril en Grecia data de fines del 320 antes de Cristo, casi una generación luego de la muerte de Filipo II", dijo Borza.

Palagia también descubrió que las pinturas en el friso exterior de la tumba reflejan temas que eran más típicos de la época de Alejandro Magno que de la de su padre.

El cetro de dos metros encontrado en una de las tumbas es otra pista, dice Borza. "Tenemos muchas monedas acuñadas en vida de Alejandro, que lo muestran a él sosteniendo un cetro muy parecido", agregó.

Y como si fuere poco los vasos encontrados también tienen un peso que se condice con el sistema de medidas que instauró Alejandro durante su reinado.

Una vez determinado que la tumba no es de Filipo y que es una generación posterior a su muerte, entonces ya se puede realizar la pregunta de a quién pertenece.

En los textos antiguos se pudo encontrar un doble entierro, así que pudieron identificar que la tumba pertenece a Filipo III Arrideo y a su reina Eurídice. La tercera tumba creen que puede ser de Alejandro IV, el hijo de Alejandro Magno, que reinó junto con Arrideo hasta que fue asesinado cerca del 310 antes de Cristo, ya que coincide con la edad atribuida a los restos y es el único adolescente mecedonio de la familia real que se sepa que fue enterrado.

La tumba 1 si es antigua, así que esa podría ser la de Filipo II, ya que también tiene a una mujer, su esposa, y a un niño.

2 de mayo de 2008

CLEOPATRA Y EL MITO DE SU BELLEZA

Una Moneda Antigua Desafía el Mito de la Belleza de Cleopatra




Cleopatra, un mito sexual con más de 2.000 años.
La reina egipcia, que seducía más que por su físico por su voz y sus habilidades cosméticas, era políglota y se casó con dos de sus hermanos

Las excavaciones submarinas de estos años en el puerto de Alejandría (Alexandria), dirigidas por el arqueólogo francés Frank Goddio en busca de los palacios de los últimos faraones, han vuelto a colocar a Cleopatra de actualidad. Nunca ha dejado de estarlo. La reina de Egipto es un mito sexual, uno de los más antiguos, que se remonta a más de dos milenios atrás.
Aunque sobre su talento político y su inteligencia parece que no hay dudas posibles, sobre su físico vienen arrastrándose hasta la actualidad. Más que bella, por lo menos como se entiende la belleza en el Occidente de nuestros días, seducía por su conversación, por su voz melodiosa y por sus extraordinarias habilidades cosméticas.


Su familia llegó al poder en la tierra de los faraones en el año 304 antes de Cristo y lo mantuvo hasta el 30 a.C., o sea, hasta la muerte de la propia Cleopatra, cuyo nombre significa «gloria del padre». Eran los Ptolomeos o Ptolemaidas, también conocidos como Lagidas (del nombre de Lagos, progenitor, por lo menos oficialmente, del primer soberano). Eran griegos. Por las venas de Cleopatra no corría, que sepamos, ni una sola gota de sangre egipcia. No debía tener nada de los rasgos que puedan atribuírseles a los pueblos norteafricanos.


La leyenda narra que, cuando Alejandro Magno murió sin dejar un heredero, le preguntaron en su lecho de muerte a quién legaba el inmenso imperio, de Grecia a la India, que había conquistado en unos pocos años. «Al mejor», contestó. Sus lugartenientes, conocidos como los Diadocos (sucesores), combatieron entre sí durante 14 años y acabaron repartiéndose los distintos territorios.Ptolomeo I consiguió hacerse con Egipto.


Aunque de origen extranjero, los Ptolemaidas arraigaron en Egipto a lo largo de tres siglos y, para consolidar su condición de faraones, incluso adoptaron la vieja costumbre de los matrimonios entre hermanos. Quince Ptolomeos gobernaron el imperio del Nilo, el último, ya de modo meramente titular, el hijo de Cleopatra y César, Ptolomeo Cesarión. La misma Cleopatra era hija de hermanos, Ptolomeo XII Auletes (El flautista) y Cleopatra V, y se casó sucesivamente con dos hermanos suyos, Ptolomeo XIII y Ptolomeo XIV.


Sin embargo, los nuevos faraones no se tomaron el trabajo de aprender la lengua de sus súbditos y seguían usando el griego.Cleopatra, en cambio, sí lo hizo. Plutarco dice que hablaba el etíope, el hebreo, el árabe, el sirio, el medo y el persa; seguramente, también el latín. «Dícese que había aprendido otras muchas lenguas, cuando los que la habían precedido en el reino ni siquiera se habían dedicado a aprender la egipcia».


En general, los retratos más antiguos de Cleopatra no la representan como una belleza deslumbrante.

En el reverso de una moneda cuyo anverso se dedica a Antonio, aparece con la frente abombada, marcadas ojeras, barbilla saliente, labios gruesos y, sobre todo, una ostentosa nariz ganchuda. Según los doctores Lugones y Quintana, debía tener bocio (un aumento de la glándula tiroidea que origina un abultamiento en el cuello), aunque puede que en esa época se apreciase como signo de belleza. Parece que también padecía de calvicie. Tenía sólo 39 años cuando murió aplicándose un áspid: como señala Christian Jacq, precisamente el ureus, el símbolo del poder de los farones.